El Canal de Panamá no costó un dólar. Recuperar el Canal costó vidas humanas y años de luchas generacionales. En distintas épocas diferentes personas organizadas bajo un mismo objetivo lograron recuperar el Canal. El 9 de enero de 1964 fue un acontecimiento histórico crucial en esa meta. Por lo tanto, los mártires y las luchas generacionales por la recuperación del Canal ameritan respeto.
Como lo planteó Víctor Ávila, en su opúsculo La gesta del 9 de enero, “los panameños veníamos luchando desde el comienzo de la República por introducir cambios sustanciales al Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903. Tengamos presente que el primer reclamo que hizo la República a los Estados Unidos de Norteamérica fue en el año de 1904”, es decir, es una lucha de más de un siglo.
Otra fecha cumbre fue el Movimiento Inquilinario, lo cual evidenció cómo esos sectores de la oligarquía no tenían contradicciones con los zoneítas y, por lo tanto, podían solicitar apoyo para reprimir al pueblo panameño. En todos los momentos existirá el vasallaje de una clase dominante que se aliará a los intereses de la potencia estadounidense.
A lo largo de nuestra historia republicana, encontramos avances en la lucha para recuperar nuestra soberanía. En última instancia, cuando al referirnos al Canal estamos hablando de la Zona del Canal y, por ende, la recuperación del Canal es la reivindicación de nuestra soberanía.
Es como dice Ávila, tenemos un problema, una “esencia colonial”, la cual marca nuestra relación con nuestro principal socio comercial, Estados Unidos. En ese sentido, no importa quién sea presidente o partido en el gobierno, habrá siempre al menos en ese esquema, una relación de dependencia y vasallaje de nuestra clase dominante. El imperio es el imperio aún en su crisis de legitimación.
En la década del cuarenta, también tuvieron lugar luchas patrióticas, “del rechazo del Convenio de Bases Filós-Hines”. Nuestro siglo XX fue un siglo de luchas por recuperar nuestro territorio, les costó la vida a nuestros mártires. El 9 de enero como acontecimiento se realiza parcialmente en el Tratado Torrijos–Carter.
Si bien la historia no es lineal, tampoco podemos retroceder, a pesar del vasallaje de nuestras élites política y los intereses irredentistas de la política exterior estadounidense. Necesitamos de nuestra inteligencia colectiva y prudencia para no retroceder y poder estar a las alturas de las circunstancias históricas.
Abdiel Rodríguez Reyes
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