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Organizar la indignación (III)

Para que un diálogo funcione debe incluirse a la mayor cantidad de partes interesadas. También se necesita simetría, inteligibilidad y veracidad. Es decir, igualdad de condiciones, un lenguaje técnico, entendible cuyo contenido discursivo sea veraz. Estas son las condiciones mínimas para el funcionamiento del diálogo. Enunciar una supuesta solución, no es la solución. Para su efectividad necesitamos medir sus efectos a corto plazo dado la inminente afección, en este caso, por los altos costos del precio de la gasolina y la canasta básica.  

En términos generales ya no hay confianza ni tolerancia respecto al Gobierno, y en particular en los diálogos, mesas etc... Los antecedentes inmediatos (CSS y Colón) muestran la poca efectividad de estos. Las actuales circunstancias requieren de respuestas concretas, factibles, satisfactorias y cuantificables a corto plazo. El pueblo en general tiene un mismo objetivo en común: bajar los precios de combustible y la canasta básica; pero esta lucha no sólo es por eso, también es por la vida.

Los movimientos sociales y populares tienen esto claro y por eso sus demandas van más allá de ese objetivo específico. Mientras más el Gobierno dilate respuestas concretas, factibles, satisfactorias y medibles a corto plazo; no sólo más sectores, en más lugares se sumarán, sino que también más demandas.

La solución parcial es bajar el precio del combustible y la canasta básica; pero esa no es la solución integral, ya que si le quitan un impuesto para dárselo a otro rubro de igual forma se vería afectada la población, o si piden un préstamo, tendríamos que pagarlo en algún momento. Una solución integral implica otros factores de mayor alcance, como un impuesto progresivo a las excesivas ganancias, la transparencia fiscal y frenar la corrupción.

Otro aspecto fundamental es saber dónde están nuestros recursos, esa pregunta se la hacía Juana Camargo, y Maribel Gordon llamaba a un debate público sobre propuestas concretas más allá de las recetas neoliberales. Todos estos aspectos nos conducen a plantearnos lo siguiente: un país mejor es posible si organizamos la indignación.

 

Abdiel Rodríguez Reyes

Organizar la indignación (III) en La Estrella

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